No pretendo con esto compararme con el Mesías como en su día hicieron los melenudos esos de Liverpool, puesto que me arriesgaría a que algún chalado me descerrajase unos cuantos tiros en la cabeza, sinó que simplemente quiero establecer una inocente analogía con lo sucedido hace dos mil y pico años.
Parece que he muerto, y en cierta medida ha sido así. He muerto para expiar mis culpas, para salvarme y salvaros del pecado. He muerto por no acabar matando (no es literal, lo aclaro). Pasé por un terrible suplicio que duró dos meses y que me hizo ver que no todo es tan bueno ni tan malo como uno cree o le hacen creer que es. No existe la verdad absoluta, y nunca he estado ni siquiera remotamente cerca de esta. La violencia no es un fin ni un medio, es una pérdida de tiempo y de salud (física, mental y social).
No vale la pena embarcarse en cruzadas en las que uno sabe que tiene todas las de perder, no por ser ilícitas sinó porque contra el absurdo no hay cura posible. Es momento pues de abrazarlo, besarlo y frotarse contra este, asumirlo con dulzura e intentar no caer en sus libidinosas y tórridas garras. En definitiva, jugar al juego de amar, de amar la chorrada.
NO MOLAR VA A MOLAR. HAIL DF AND THE AGE OF DUMBASS DARKNESS.
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